El orujo de uva es el principal subproducto sólido generado durante la elaboración del vino, y es generalmente considerado como un residuo. Sin embargo, la creciente preocupación con respecto al impacto negativo hacia el medio ambiente que supone el mal manejo de los residuos agroindustriales ha incentivado a la búsqueda del manejo y/o aprovechamiento.